Mis sueños recurrentes

Los sueños recurrentes
A) Caídas
B) Discusiones políticas con políticos y personajes históricos
C) Intentos de redención de terceros
D) Persecusiones
E) Películas
F) Pérdidas
G) Muertes de seres queridos

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Boceto de una pesadilla snuff

Las snuff son un mito urbano. Dicen que circulan de manera extraordinariamente clandestina y entre manos de gente poderosa. Según el mito urbano, son películas sadomasoquistas en las que hay una o varias escenas de pornografía violenta que finaliza con la muerte (real, segun el mito) de la mina o el tipo que es víctima de esto, que estaría allí contra su voluntad.
Se dice que es un mito urbano porque nunca se habría encontrado cinta alguna de este supuesto género.

La lona arrastrada – Pesadillas

Estaba en un salón de fiestas infantiles. Éramos pocos adultos y chicos. Una de las animadoras pasa junto a una camarera al lado mío. Por lo bajo dice “Qué gente de mierda, ¿cómo va a venir tan poca gente?” Pienso que tiene razón. La animadora hace un juego. Un chico tiene que llevar a una chica arrastrándo una lona sobre la que está ella recostada. El que pierde tiene prenda. Yo me retiro un poco hacia el patio trasero para fumar. Cuando estoy entrando después de terminar el cigarrillo, veo un chico arrastrando la lona con una nena sobre ella. Lo diferente de la situación era cómo estaba la nena: tenía sangre en la cabeza y el cuello en un ángulo imposible para alguien vivo. Corro tras los chicos, pero no los alcanzo, se iban de izquierda a derecha en la pequeña cocinita y al entrar ya no estaban. Voy corriendo y llamo a una de las camareras que caminaba despreocupada hacia la cocina. Le cuento exaltado lo visto. Me acompaña y al ver la nada que había visto yo, me dice confidente que “hacía mucho que no ocurría algo así, pero allí habían muerto dos chicos, una nena y un nene. En el mismo juego que había presenciado con los chicos. El nene, sin querer, había matado a la nena con el juego. Desesperado, el padre mató al nene asfixiándolo. Aparecieron varias veces. Pero hacía mucho no volvían. Eran fantasmas de un cumpleaños de 2001. El nene tenía 5 años y la nena 3”.

1. El viajero que huye

Estoy en un campo de pasturas no muy altas. Estas me llegan a la altura de la rodilla como mucho. A cien metros hay una torre de terracota de doscientos metros de alto con un amplio mirador en su pico. No sé de que estilo arquitectónico es.
Llego a su cúspide y desde allí veo todas las verdes tierras hasta el horizonte recortado por las sierras donde las habita la tribu que se llama a si misma “La Gente” o “Nosotros”. Sus caseríos están emplazados dentro de la roca de las sierras, por lo que el pasto apenas es manchado del marrón de los palos y los cueros.
Camino y llego al Pueblo de las Sierras. Allí me recibe El Anciano. Me muestra el lugar. Me presenta a los lugareños que se le acercan a saludarlo sin decirles más que el que soy un amigo extranjero. Las nubes oscuras, que hasta ese momento no habían tapado el sol y eran lejanas, ahora lo obstruyen sobre nuestras cabezas. Las tinieblas dan más gravedad al rostro de El Anciano. Me toma de los hombros y me lleva a una cápsula blanca que sé es un aparato volador. Está tan fuera de lugar como de tiempo. Es ovalada y de ese blanco puro hospitalario. Una puerta es la mitad de su tamaño. Parece de algo tan artificial como el plástico o esas aleaciones metálicas nuevas. Apenas hay lugar para sentarme.
A lo lejos veo acercarse tropas caminantes, marchando con sus lanzas unifórmemente, como una danza macabra de la guerra.
– Usted tiene que irse. Debe irse. No pertenece a esta lucha. Debe estar en su mundo.
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Me levanto de la cama y voy en boxer hasta el living. Allí Padre y Madre miran televisión desde la mesa. La luz del sol blanco que entra por las ventanas hace más irreal la escena.
– ¿Qué pasó? ¿Tuviste otra pesadilla? – pregunta Padre, sonriente.
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Finalmente despierto, por segunda y última vez, en el mundo real.